Adrián Ruíz
Dura lección. La dura lección de año cuatro meses en prisión -por segunda ocasión-. Le debe servir a Mario Plutarco Marín Torres, para evitar otra vez estar tras las rejas. Ante su inminente salida del Altiplano, por ganar el amparo interpuesto. Y que desde hace ocho días debió fallar a su favor.
Debe entender que su tiempo de protagonismo ya fue. La libertad que le concederá el amparo ganado es más valiosa que su ego.
Por su protagonismo y violar el arraigo domiciliario que le otorgaron la primera vez, tras su detención en 2021 en Acapulco Guerrero. Y luego de dictarle formal prisión en enero de 2023, para ingresar al penal del Altiplano. En agosto de 2024 le dieron el primer arraigo domiciliario.
El delito de copartícipe de tortura a Lydia Cacho, no era tan grave. Su peor error fue darse a la fuga y andar escondiéndose. Todo favorecía al exgobernador de Puebla. Se podía decir que la había brincado. Qué del escándalo que puso en riesgo su gobierno y que acabó con su carrera política, había salido bien librado.
La prisión preventiva, obedeció a qué Marín Torres, desacató la orden de permanecer arraigado en su domicilio de Xilotzingo. A pesar del brazalete que le pusieron. Hacía vida social y política como si no estuviera bajo proceso.
El ego, falta de asesoramiento legal y malas negociaciones. Devolvieron a Mario Plutarco al presidió del Altiplano. Tuvo que pasar año con 4 meses para su viable salida. Aunque se argumenta que por salud y edad -Mario Marín, tiene 72 años y padece diabetes-.
La mala experiencia debe quedarle clara: su situación jurídica es sencilla. La complicó su irresponsabilidad. El oriundo de Nativitas, Cuautempan, podría quedar libre por un cambio de una medida cautelar.
La reclusión se dio en razón de qué la medida cautelar dentro de los imperativos que se le impusieron se contemplaba la permanecía en su domicilio -Xilotzingo-. Qué reciba la atención médica conducente. Pero nunca hacer vida social y política. Porque la ley le impide realizar actos públicos.
Ese “detalle” no lo entendió su abogado o deliberadamente lo dejó pasar para enriquecerse más. O Mario Plutarco es muy necio y decidió salir a la luz pública. La soberbia le ganó. Con todo y que la mayor parte del “marinismo” está “restringido”. Son pocas las personas leales al exgobernador. Son mayoría los traidores.
En lo referente a Lydia Cacho, fue una situación que no supieron negociar, quienes sólo le sacaron recursos. Le hicieron creer que se estaban arreglando con la escritora sin ser cierto. En está ocasión fue de manera directa.
Así la señora y Mario Marín, salieron beneficiados. La primera con una buena lana y el segundo con su libertad condicional. ¿O por qué creen que Lydia Cacho, se pronunció con tibieza por la inevitable libertad del ex mandatario? ¿Casualidad?. Cuándo en ocasiones anteriores protestó hasta el hartazgo.
Por su bien, Mario Plutarco, en el futuro debe tener grabada en la memoria la cruel lección que recibió por soberbio. Debe concientizarse que la amenaza de la prisión es latente. No es lo mismo estar tras las rejas que en su domicilio. Con limitaciones pero en libertad y con su familia.
¡Inevitable salida!
Reporte del Informante
Castigo excesivo. De alguna manera la ley se ha ensañado con Mario Plutarco Marín Torres. La Entrega no es marinista. Y está lejos de ser partidario de algún gobernante. Pero los años en prisión del gober precioso, fueron excesivos. Por el delito que se le imputa: copartícipe de tortura a Lydia Cacho. Pudo enfrentar el cargo en libertad restringida.
Por supuesto que Marín Torres, cometió muchos errores. Pero contrario a otros gobernadores no se puede identificar como “matón” y tener a su servicio a sicarios. De lo que si puede ser calificado es: saqueador de las arcas y corrupción a la máxima potencia.
Permitió que sus colaboradores tuvieran manos libres para hartarse de billetes. Los dejó agarrar todo lo que pudieran porque no habría otra oportunidad. Sin embargo, no fue un matón como algunos.
Se embriagó de ambición y soberbia -epidemia general de quienes llegan al poder-. No tuvo a su servició a ningún sicario, para trabajos “sucios”.
Cómo algunos exmandatarios que se sirvieron de gente del mundo de la delincuencia protegida. Los utilizaron y luego los desecharon. Y en lugar de ser juzgados y castigados. Viven como reyes en el retiro.
La historia de Puebla y la memoria de poblanas y poblanos registran los homicidios y actividades al servicio del poder de sicarios como: Andrés Chizín, Alejandro Cassir, Carlos Talavera y otros no tan conocidos. Homicidas que al amparo del poder, mataron a gente o la callaron por “encargo”.
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