Ciudad de México.- El Gran Desfile Mundialista “La pelota vuelve a casa”, organizado por el Gobierno de la Ciudad de México, reunió a miles de personas en una tarde llena de tradición, color y música.
La Jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, atestiguó, junto a familias de diversas alcaldías y de numerosas entidades de la República, el desfile que inició de la Glorieta de la Diana Cazadora y avanzó hacia el Monumento a la Revolución acompañada por más de mil 400 artistas, músicos, bailarines y personajes.
El recorrido comenzó con una evocación de las raíces más profundas de la ciudad. Al ritmo de música en vivo, un carro alegórico inspirado en el Juego de Pelota abrió paso a medio centenar de danzantes prehispánicos, seguidos por una monumental ofrenda de muertos dedicada a leyendas del fútbol como Pelé, Ferenc Puskás y Paolo Rossi.
Enseguida, una comparsa de catrinas y una trajinera llevaron los colores y tradiciones de Xochimilco al corazón de la ciudad, mientras las figuras monumentales de ajolotes, colibríes, cacomixtles y alebrijes parecían custodiar el paso de chinelos, caporales, mariposas monarca y diversas expresiones provenientes de los pueblos originarios y de las 16 demarcaciones de la ciudad.
Los trajes tradicionales y las muestras culturales de las 32 entidades del país desfilaron acompañados por una gran banda de música mexicana que cautivó a niñas, niños y adultos, mientras globos monumentales y bicicletas adornadas con las banderas de las naciones participantes de la justa mundialista recordaron que el fútbol es también un lenguaje capaz de borrar fronteras.
La nostalgia mundialista también tuvo su momento relevante, con la imagen oficial del Mundial México 70 volvió a recorrer las calles de la capital, mientras una representación del festejo de Pelé después de conquistar la Copa del Mundo evocó uno de los momentos más entrañables de aquella competencia.
Más adelante aparecieron los recuerdos del Mundial Femenil de 1971 con las exfutbolistas mexicanas que hicieron historia en aquella competencia, quienes fueron reconocidas por miles de personas que, desde las banquetas, respondieron con porras, aplausos y el inevitable coro de «México, México» y “Campeonas, campeonas”, en una muestra de que la pasión futbolera trasciende generaciones.
Posteriormente, la justa mundialista México 86 hizo aparición con la figura de Pique, y una recreación de la célebre “Mano de Dios” de Diego Armando Maradona.
La parte final del recorrido se transformó en una auténtica postal chilanga. Personajes inspirados en el mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central de Diego Rivera convivieron con vendedores, organilleros, luchadoras, jainas, pachucos y personajes populares de la ciudad. Detrás de ellos apareció uno de los momentos más celebrados de la jornada: el carro sonidero encabezado por Sonido La Changa, que convirtió Paseo de la Reforma en una pista de baile al aire libre.
La fiesta alcanzó su punto culminante con una batucada integrada por luchadores, el estruendo de los tambores y el vuelo de los gigantescos globos de Quetzalcóatl y el Ajolote, que cerraron una jornada en la que la cultura popular y la pasión por el fútbol se fundieron en una misma celebración.
A lo largo de su recorrido por el Ángel de la Independencia, la Glorieta del Ahuehuete, la estatua de Cuauhtémoc, la Glorieta Mujeres que Luchan y el Monumento a la Revolución, el Gran Desfile Mundialista convirtió Paseo de la Reforma en un gran escenario donde convivieron la memoria, la tradición y la pasión por el futbol. Entre música, danzas, alebrijes monumentales y miles de personas reunidas en las calles, la Ciudad de México celebró su identidad y refrendó su vocación como una capital abierta al mundo.








